25 de junio de 2009

“….se autoriza de sí mismo” por Samuel Basz




“….se autoriza de sí mismo”

Dos posiciones subjetivas se ordenan en referencia al par inconciente- síntoma.
Una de ellas es la posición del sujeto en la que insiste la articulación inconciente-síntoma, esa articulación permite nombrar creencia a esta posición. La creencia en el síntoma como portador de sentido es correlativa de esta posición.
La otra es la posición subjetiva que hace consistir la desarticulación entre el inconciente y el síntoma, se trata, en este caso, de la certeza.
Si bien esta última comparte con las psicosis la dimensión de la certeza no es verificable sino como resultado de un análisis en la perspectiva de la identificación al síntoma.
Por otra parte la certeza como posición subjetiva es correlativa de la estructura del acto y siempre es una suspensión del sujeto del inconciente, una desarticulación temporalizable de la creencia.
La unglauben del desabonamiento estructural del inconciente en las psicosis implica un carácter fijo de la certeza por rechazo originario de la creencia, lo que hace que el par inconciente-síntoma no pueda, estrictamente, pensarse en términos de articulación-desarticulación, asociación-disociación, sino en términos de exclusión recíproca y rechazo del inconciente.
La creencia en el síntoma, es ni más ni menos que la atribución de significación aún no sabida pero supuesta a venir respecto de lo considerado sintomático en las neurosis.
Toda posibilidad de hacer uso del síntoma en la perspectiva de saber hacer con él, tiene como condición esa desarticulación inconciente-síntoma. Esa desarticulación hace a la singularidad del síntoma en tanto síntoma analítico.
Es necesario tener presente que lo singular del síntoma analítico no se obtiene porque ese síntoma no pertenezca a una clase (neurótico, psicótico, perverso) sino que se trata de una singularidad que se obtiene por la delimitación del núcleo de goce que el síntoma aloja y que en tanto tal es irreductible a toda significación.
Jacques–Alain Miller se ocupó en su momento de dilucidar el alcance del “si mismo” en la fórmula lacaniana referida a la autorización del analista. Demostró que el objeto (a), captado en la lógica del fin de análisis, permite una traducción mas precisa del estatuto del “si mismo”.
La perspectiva que Miller abre para explorar la última enseñanza de Lacan permite una lectura renovada de los testimonios del pase y permite considerar al síntoma resultado del análisis -en el sentido que acabamos de desplegar- como otro valor del “si mismo” de la fómula de Lacan.


Samuel Basz. 24/06/09